Mi héroe de Januca

Conocemos el relato, conocemos a sus héroes.

Sabemos de Matitiau, de su fortaleza y su tenaz negativa a aceptar  la cultura griega.

Sabemos acerca de Yehuda y sus hermanos  y de su lucha por proteger la fe de Israel.

Y también sabemos acerca del relato del milagro de Januca, cuando los Macabim  re-inauguraron el templo, encendiendo la Menora, con el aceite puro de la  diminuta vasija, que no había sido arrasada por el conquistador, y que milagrosamente duró 8 días. (hasta que pudieron conseguir nuevamente producir este aceite).

 

Sabemos todo esto.

Pero no sabemos quien fue el oculto y anónimo héroe de esta gesta: Aquel que logró esconder la vasija de aceite.

 

El que escondió el aceite es mi héroe de Januca.

El es mi antepasado espiritual.

Por su visión, por su fe, hay hoy  fragmentos diminutos de luz, chispas de santidad, ocultas por todas partes en el mundo. Hay trozos de  pureza y sabiduría esperándonos cuando finalmente podamos ver mas allá, del vacío, la desesperanza y el dolor.

  

Creer en el regreso de la luz, cuando todo el mundo se hunde en la oscuridad, es la lección de Januca. Hacer posible que reviva la esperanza, la sabiduría, la santidad de la luz, cuando por todas partes hay sólo  tinieblas, es el mensaje  que esta festividad nos convoca a recrear.

 

 januca¡Jag Haurim Sameaj!

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