MEMORIAS FAMILIARES

 La luna negra se fue a buscar a la luna blanca

Mi hijo, Ari,  tenía dos años. Estaba sentado con su abuela en el porche de la casa familiar de veraneo. Era de noche, habíamos terminado de cenar y la escena era parte del ritual previo a “irse a la cama”. Una escena que una y otra vez de mil maneras distintas revelaría ese vínculo maravilloso y mágico, que la Abu había creado con su primer nieto.

Esa noche, mientras la abuela le contaba algún cuento, el miraba -con esos enormes ojos de asombro permanente – el cielo estrellado.

De pronto una nube paseandera ocultó la luna y el pequeñito exclamo: Mirá Abu, la luna negra se fue a buscar a la luna blanca!

Una genialidad!

Oifn Pripechok …Guedenkshe Taiere 

Mi zeide me enseñó esta canción y yo se la cantaba a mis hijos y ahora a mis nietos…
Mi zeide decía fuerte “gedenkshe taiere”, dejaba de cantar y se quedaba en silencio, mirando al vacío.
A mediados de noviembre del año 2005 participé del encuentro de la ITF . (The Task Force for International Cooperation on Holocaust Education, Remembrance, and Research)
Semanas antes de viajar al encuentro, sentí la urgencia de saber acerca de los miembros de mi familia que no salieron de Polonia en la década del 20 como lo hicieron mis abuelos. Necesitaba conocer los nombres de mis familiares que fueron asesinados, torturados, masacrados, cremados, gaseados…
Encontré en las bases de datos de la judería polaca, registros de nacimiento, casamientos y fallecimientos. Descubrí que mi abuelo había tenido muchos mas hermanos y hermanas de los que yo conocí, personalmente o por sus fotos, que formaron familias y vivían en Polonia, en las cercanías de Krakov.
Busqué en el site de Yad Vashem dapei edut, hojas de testimonios, y encontré que cada nombre fue inscripto en Yad Vashem durante el viaje que mis abuelos emprendieron a Europa e Israel, allí por los años 1955 y 1956.

Con una comprensión renovada de que ese largo viaje de mis abuelos no fue sólo ni esencialmente un viaje turístico, y con cada nombre escrito en un papel, viaje a Cracovia y el 14 de noviembre entre con todo el grupo de la ITF a Auschwitz….
Al llegar al campo nos dividieron en tres grupos…
Que ironía pensé en el momento.

Nos dividieron en tres grupos, pero esta vez esa división respondía a criterios netamente organizativos. Los que nunca habíamos estado, los que ya habían estado alguna vez y de todas maneras querían profundizar en su conocimiento del lugar y quienes ya habían estado y querían ver sólo documentación.
Recorrimos el campo, las barracas, los espacios museológicos que se armaron en ellas.

Varias veces nos cruzamos con grupos de alumnos de escuelas Israelíes envueltos en la bandera de Israel, que con sus docentes estaban haciendo un recorrido especial, su Marcha por la vida, su Mitzad Hajaim.

Debo reconocer que en mas de una oportunidad me aparte de mi grupo para acercarme a ellos, para compartir con ellos. El guía me pedía que no me atrase,  y seguíamos escuchando sus explicaciones recorriendo los espacios y viendo…

Elementos de la vida cotidiana…
Montañas de valijas, con nombres y apellidos escritos en polaco y en Idish… y trate de leer y encontrar…

Pilas de zapatos de chicos y chicas
Ollas…
Ropa…
Cabellos, pelo, montañas de pelo…
Y tejidos hechos con pelo…

Tashmishei Kdusha, Talitim, Sidurim, Tefilin, la misma edición de los Jamishei Jumshei Torá que mi zeide trajo a la Argentina desde Polonia, y que me legó al terminar yo el Tijón…

En ese punto ya no podía escuchar al guía.
Uno de los asistentes al encuentro, que estaba en el mismo grupo, un croata, me miró y me dijo: put yourself together, we have a long way. Sentí vergüenza, me aparté del grupo y me quedé parada en un rincón alejado del resto, sólo intentando reponerme.
Pasaron segundos, y como de la nada apareció una adolescente, que se acercó y con ternura, me pregunto en inglés: Madame, do you feel seek.
A pesar de lo aturdida y conmovida que estaba, percibí que era una tzavarit, y algo atiné a contestarle en ivrit… no puedo recordar qué, sólo registro su calido y fuerte abrazo y su casi susurro diciéndome…gam ani tzrija livkot, yo también necesito llorar.

Guedenkshe taiere… cantaba mi zeide…
Mientras estaba en Cracovia, comprendí cabalmente su silencio, su mirada al vacío, ese llanto ahogado… durante años!

2 de marzo de 2007

Rosita cumple  80 años y casi 58 años cumple de MAMA.  Pero Rosita no es una mama más… es mi mamá.

Y ahora me toca a mí hablarte MAMA, Y contar de Rosita MAMA.

Supiste construir con amor, una familia que logró atravesar momentos muy difíciles, sólo por tu empuje, por tu fortaleza, por tu empecinamiento en no dejar caer los brazos. Creaste con Raúl y conmigo una relación hecha de complicidades, de ecos y reflejos y también de algunas barreras como  corresponde al rol de madre.

Nos cuidaste y nos mimaste, pero fundamentalmente nos enseñaste a cuidarnos entre nosotros. En tiempos difíciles, con tu voluntad y tus manos mágicas lograbas hacer que luciéramos siempre como los mejores de la fiesta.

Tus manos en las bolsitas de alcanfor sin las que no salíamos a la calle. Tus manos guiándonos para hacer los “mandados” cuando el supermercado no era moda.

Tu mano cada vez más firme, que contenía, y a veces parecía que “celebraba y alentaba mi rebeldía cada vez más manifiesta, o que lograba encontrar el número de teléfono para poder hacer ese llamado que aliviara mi angustia.

Tu sexto sentido, tu saber escuchar e iluminar, tu increíble intuición, tu capacidad de adaptación.

Volver no importaba a que hora y sentarme a contarte…

Tus fallidos!  Te acordas cuando le quisiste decir a Gustavo que tu hija era una maravilla y en lugar de decir casta y pura te salio: No te voy a permitir que dudes: MI HIJA ES PUSTA Y CARA

Gracias por mi infancia MAMA, por mi adolescencia (con tu mirada siempre atenta). Gracias por entenderme y acompañar mi adultez y mí ahora. Gracias por estar siempre. Por mimar a Gustavo como a un hijo.  Gracias por los olores de la cocina y el calor de una familia.  Tanto lo mamé, que traté de hacer lo mismo con mi vida, con mis hijos y ahora con mis nietos.

Sos mi heroína favorita, la que sabe que la batalla es día a día, la que aprieta los puños, traga las lagrimas y sigue adelante, la que se pone metas para alcanzar y cuando las alcanza ya esta creando otras…la que hoy llega orgullosa y rodeada de amor a los 80.  Conmigo vas a prender la vela de los 80, y juntas  vamos a agradecer por haber llegado a este momento.

8 de agosto de 2009- 8 de agosto de 2010

Inauguración de la Matzevá de la tía Feli

 Hace un año, el sábado  8  de agosto de 2009, acompaño a mamá a ¿visitar?, ¿despedirse? De su hermana Feli. 

No estoy segura de lo que va a suceder, tengo por cierto algún temor; es un momento difícil. El de ellas. Como el de todos los hermanos no es un vínculo sencillo.

Me sorprenden. Después del impacto primero, en el cada una a su manera llora, las “chicas” empiezan  a desgranar recuerdos de su infancia, anécdotas que escucho por primera vez. Me siento testigo privilegiado de un momento casi “mágico”. La hostilidad que revestía usualmente el vínculo ha desaparecido. En ese momento ambas están despojadas de toda investidura, son esas cómplices de guiños y aventuras juveniles. Al cabo de casi una hora, ambas están cansadas. Son cansancios distintos.

Feli, realmente no puede seguir hablando. Hizo un esfuerzo supremo. Mi mamá está agotada por su empecinamiento en “ser fuerte”. Gustavo la acompaña a su casa. Me quedo yo un rato más, en el que como la tía no logra conciliar el sueño, le tarareo una canción y me dice: al Zeide Moishe, a  mi papá,  le gustaba mucho Avinu Malkeinu.

Lo interpreto como un pedido. Como puedo le canto esa plegaria y luego otra y otra y se queda dormida, tranquila. Esa fue mi despedida, a solas con ella.

Mi amigo el Rabino Mario Rojzman me enseñó que:

 “la muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos.” 

Cada uno de los que hoy está acá tuvo un vínculo especial y único con Feli, tal como son únicos y especiales los vínculos entre dos personas.

Feli para mi fue la hermana mayor de mamá, la madre de mi  primo  hermano,  mas hermano que primo – que se fue temprano – , la que daba consejos sin que se los pidas, la  que puso fuerza y le puso el cuerpo a cada golpe que el suyo recibía, a cada fractura a cada cirugía, la que fue aprendiendo a pedir ayuda. 

Feli, fue  esa abuela babosa que juntó prolijamente en carpetas especiales las fotos y artículos en los que Tomas y Ana aparecían destacados por sus habilidades, conocimientos y logros, y que cada vez que la visitábamos compartía.

Nos asombraba con su capacidad de estar actualizada en cuestiones de ordenadores y computación. Su foto en el skype con auriculares y teléfonos, debería estar en el Guiness.

¿Quien de nosotros no guarda una de los hermosas presentaciones que nos ha enviado por mail, eligiendo para cada uno,  aquellas áreas del conocimiento humano mas afines a nuestras preferencias e inclinaciones. 

Con Feli hay muchas cosas que ya no pueden ser,  pero nos quedamos con todo lo que tuvimos y con lo que ella decidió en sus últimos años que tuviéramos;  porque sabiendo cuál era la naturaleza y evolución de su enfermedad, ella a quien la vida colocó repentinamente  ante situaciones irreversibles, se preparó con dignidad para el desenlace y pudo despedirse de cada uno en algún momento y de una manera especial.

Un mail en el que me mandó las recetas de la torta de manzana, los cuadrados de ciruela y nuez y los de coco y dulce de leche,  con los que nos recibía si pasábamos a la hora del té,  fue el preanuncio de una etapa de despedidas por ella planificadas.

Todos la llevamos en nuestro corazón,  y tenemos grabadas en nuestras retinas un arsenal de  vivencias compartidas de festejos, homenajes, nostalgias.

Feli forma parte de nuestras historias personales; de nuestra narrativa familiar y de nuestras memorias. 

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Una respuesta

  1. No fui docente del Gesang

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