T´RUMA – DAR LO MEJOR DE CADA UNO…

65663_illustrated_terumah_torah_portion_painting_by_michal_meron_view_1

Parashat T´rumá se ocupa de la construcción del Mishkan, el lugar en el que desarrollarán los hijos de Israel el culto durante la travesía en el desierto.

El mandamiento de comenzar la construcción llega al término de una serie de eventos que van transformando al grupo de personas que fueron esclavizadas durante cientos de años, en un colectivo con objetivos y fines comunes.

Estos eventos relatan las experiencias compartidas que dieron forma al grupo: el Éxodo de Egipto, el cruce del Mar Rojo, la aceptación de la Torá y el pecado del becerro de oro. Son además relatos acerca del establecimiento y aceptación de un conjunto de leyes y normas éticas, que constituyen la base y cimientos de un sistema moral.
La mayor parte de la actividad que se describen en el texto hasta ese momento se concentran en manos de líderes –conductores – que señalan e indican el camino y motivan a las masas a participar en él.
No sólo estamos ante la presencia de un conjunto de personas pasivas, es evidente además, la restringida libertad de elección que los integrantes del colectivo que salió de Egipto tienen hasta ese momento.
Si bien en Sinaí no había derecho al voto o a la réplica y las cuestiones operativas estaban limitadas al quehacer del liderazgo dominante; en la construcción del Mishkan,- el Tabernáculo – encontramos un patrón diferente, ya que el pueblo es llamado a participar y a elegir de qué manera hacerlo.

Hablo Adonai a Moshé diciendo:
“Habla a los hijos de Israel y que tomen en mi nombre ofrenda, de todo hombre, a quien voluntariamente mueva su corazón habréis de tomar ofrenda para mi”: (Éxodo 25: 1-3).

A continuación la Torá enumera trece tipos diferentes de elementos con los que se puede contribuir para la construcción del Tabernáculo.
“Y esta es la ofrenda que habréis de tomar de ellos; oro y plata y cobre: Y púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, y lino fino y pelo de cabra: Y pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tehashim y maderas acacias:
Aceite para el alumbrado, especias para el óleo de unción y para el incienso aromático: Piedras de onix y piedras de engaste para el efod y para el pectoral” (Éxodo 25: 4-7)

La gran variedad de materiales permite que todas las personas dentro de los Hijos de Israel, independientemente de su situación económica, participen en la construcción del lugar común de culto.
De esta manera el Mishkan constituye un espacio de unidad que no está destinado sólo a una clase social privilegiada por su alcurnia o su riqueza.
Es el espacio por excelencia para promover la movilización conjunta de los integrantes del colectivo para el logro del objetivo planteado en el siguiente versículo:
“Harán ellos , en mi nombre un santuario y yo residiré entre ellos.” (Éxodo 25:8).

No dice para que yo more, dice para residir entre ellos.
La construcción de Mishkan, no tiene que ver con un lugar para que Dios more, sino para que haya “presencia divina” dentro del Pueblo.
Los milagros que acompañaron a los Hijos de Israel hasta ese momento fueron efímeros y vinculados con situaciones o dificultades puntuales. La construcción del Mishkan no podía de ninguna manera estar vinculada con episodios milagrosos o mágicos.
El modelo que nos fue revelado para la construcción del Mishkan indica un principio fundamental en la consolidación de un colectivo. Es un modelo que privilegia la voluntad del individuo y del conjunto para llevar a cabo, a pesar de las diferencias o posiblemente nutrido en ellas, un noble ideal y colocarlo en el plano de lo real.

Dos elementos son fundantes de este modelo: la existencia de la libre elección, que no está influenciada por prácticas coercitivas y la movilización de todos y cada uno de una manera consistente con las habilidades, posibilidades y creencias de cada individuo.

Hoy, en este tiempo que nos toca transitar, no estamos convocados a tomar ofrenda para construir el tabernáculo.
Hoy somos todos convocados para cuidar, mantener y mejorar los que nos legaron, los que otros soñaron y levantaron para nosotros.
En el año 2018 para poder tener Shejina (presencia de lo divino) entre nosotros, deberíamos incluir algo de la dimensión espiritual que el Mishkan representa, en nuestros haceres y decires cotidianos.
Si queremos apuntar a un modelo comunitario sostenible y ponernos en contacto con la dimensión espiritual del Tabernáculo, no podemos seguir apostando a los “milagros que llegan de la mano de proyectos que se diseñan en otras latitudes”, ni tirar por la borda todo lo realizado a través de los años. Tendremos que asumir y aceptar que la responsabilidad y el compromiso interno de todos y cada uno de los miembros de la Comunidad, en su plural diversidad, son las claves para lograr la movilización en torno al logro de un ideal común.

Shabat Shalom Umeboraj! Jodesh Tov!

Anuncios

Dar o Nodar. Reflexiones en torno a Parshat T´ruma

Había una vez en un pueblito un señor llamado Nodar.   Nodar era amable y querido, pero tenía un defecto: era muy, pero muy tacaño.   Cada vez que se necesitaba recaudar fondos para alguna obra de bien, para ayudar a mejorar el aspecto del pueblo, o sencillamente para colaborar con alguien que tenía algún problema, el decía:  “yo no doy”.   No importaba cuan importante podía ser la causa.  Nadie podía quebrarlo en su decisión de no-dar. El jamás contribuía.

Un día, Nodar – cuya pasión era la pesca – estaba atravesando el río en un pequeño bote. Repentinamente se desató una tormenta. Y su bote se dio vuelta.  Nodar cayó al agua, y manoteaba desesperadamente.

Afortunadamente,   otro bote  se acercó. El hombre que maniobraba  el otro bote le gritaba: Dame tu mano, dame tu mano.  Nodar apenas lo escuchaba.  Entre la fuerte tormenta y el viento que soplaba, el oía una sola palabra, una y otra vez. Da…me, da….me.  Y el bueno de Nodar, que de dar no quería escuchar ni hablar, no podía ayudarse a si mismo.  

Replicaba a gritos: NO. yo no doy, yo no doy.  

El hombre del otro bote se desesperaba y nuevamente gritó: Nodar, dame tu mano, dame tu mano.  

 Y una vez mas Nodar chillaba: De ninguna manera, NUNCA, yo no doy.

 Finalmente en medio de la desesperación el rescatador gritó: Nodar, toma mi mano.

Y entonces Nodar contestó:  Aah, tomar, seguro!!

El pescador que ayudó a Nodar, buscó la manera de llegar él, en un lenguaje propicio para  salvarlo en medio de la tormenta , aún cuando seguramente corría algunos riesgos.  Este hombre comprendía que  ayudar a otros constituye  una oportunidad un privilegio. 

¿Cual es la importancia y la relevancia que tiene para cada hombre el ofrecer?

¿Cuál es el valor del dar para cada uno de nosotros

 La capacidad de dar, de ofrendar, nos enaltece. A través de la donación,    de la ofrenda, lo material, lo común se consagra.

 En el libro de Éxodo el texto bíblico dice:  Habla a los hijos de Israel y que tomen en mi nombre ofrenda.  Esta es una expresión difícil, compleja. En general las personas tomamos para nosotras mismas, y no para otros.  ¿Acaso el versículo  demuestra un desconocimiento de la naturaleza humana?  

Esta pregunta encuentra en el texto mismo, y en forma inmediata respuesta.  …de todo hombre, a quien voluntariamente mueva su corazón habréis de tomar ofrenda para mi .

Esta ofrenda debería proceder de aquellas personas a quienes voluntariamente mueva su corazón, sin compulsión ni coacción,  de personas inspiradas y dispuestas a ayudar,  sin esperar a cambio nada mas que el placer y el orgullo por colaborar.  

Aquél a quien no mueva su corazón voluntariamente, no podrá ofrendar, no podrá dar, y en consecuencia no podrá tomar.

El texto bíblico nos transmite un mensaje inspirador: Cuando das con el corazón sincero no estas renunciando a nada, estás tomando una parte para ti mismo. 

Todo lo que acumulamos materialmente, tarde o temprano se lo dejamos a otros. Muchas veces el fisco se lleva anualmente gran parte de nuestras ganancias.   El dinero que destinamos a la caridad, para sostener al pobre y a los necesitados, para colaborar en situaciones de extrema adversidad, es dinero que invertimos en nosotros mismos.  

Vuelvo al libro de  Éxodo. ¿Para qué era necesaria la ofrenda en el desierto?:  El texto nos responde:

Harán ellos ,  en mi nombre un santuario y yo residiré ente ellos Veshajanti betojam.  No dice para que yo more, dice para residir entre ellos.  La construcción del santuario no está definida  como un lugar para que Dios more, sino para que haya presencia divina dentro del Pueblo.  

Es tan fácil confundirnos y suponer que la conducta religiosa es aquella que desarrollamos  sólo a través  del cumplimiento de rituales o  en algunos momentos de la semana en las casa de oración. Estamos, rezamos o hacemos como que, y luego volvemos a ocuparnos de lo cotidiano, o de otros aspectos de nuestra vida, sin tomar en cuenta que podemos imbuirlos de espiritualidad, de santidad, que podemos consagrarlos. 

El Midrash acota  que Dios no residirá en el santuario, sino entre ellos, en el corazón de los hombres.

Nuestra generación no está  llamada a  construir un santuario; pero este texto tiene una extraordinaria vigencia,  porque en general cometemos los mismos errores que cometió NODAR.

Cuando escuchamos la palabra dame, nos hacemos los sordos los distraídos, o sencillamente nos negamos, sin lograr comprender que estamos frente a una oportunidad y a un privilegio.

Nodar descubrió después de su experiencia que a veces,  cuando escuchas dame, te pueden estar ofreciendo una gran oportunidad.

Como Nodar tenemos que aprender a dar porque así también tomamos, y nos enaltecemos.

No estamos convocados a tomar ofrenda para construir el tabernáculo. 

Hoy somos todos convocados para cuidar , mantener y mejorar el que nos legaron, los espacios  que otros soñaron y levantaron para nosotros.

Hoy somos llamados a cuidar el “santuario” en el que habitamos, a cuidar nuestro mundo. 

Hoy,  para poder percibir  la presencia divina  entre nosotros, debemos incluir algo de la dimensión espiritual que el santuario representa en nuestro hacer diario. 

En esta porción de la Torá, Parshat Trumá,   en la que Moshé se dirige al pueblo en su totalidad,  -no sólo a los dirigentes de las tribus-  percibimos con claridad, que  las oportunidades de consagrar lo profano en nuestra cotidianeidad existen,  si hay corazones dispuestos a encontrar espacios de inspiración y responder con compromiso cuando se los convoque.

A %d blogueros les gusta esto: