Para Ponerle LUZ y Alegría a la Celebración

Aca vá la traducción al español:

Si buscás y preguntás, hacia dónde,  en general, da vueltas la rueda.
Tenés que saber , que no estás solo acá y que en cada corazón arde una vela, un candil especial, sin parar.
Cuando podamos enlazarnos con todos por igual, seremos una gran luz y el mundo iluminaremos. El corazón se colmará de alegría, la chispa en cada uno devenirá en llama, como una januquiá encendida. Aun en tormentas y en tempestades en medio de la lluvia y en las heladas encenderemos las velas de amor. Desaparecerá del mundo la oscuridad y descubriremos quien enciende en nosotros luz.

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Janucá 2009-5770

En tiempos de mucha incertidumbre, Janucá  recupera significados. En esta estrofa de un poema de Natan Ionatan, encuentro en este año,  el sentido mas profundo de la celebración:

ובליל סער, מאוחר,  כשרעמים נופלים בחשיכה, ולא רואים שמים, לא כוכב זוהר, אז מדליקים את שארית הנר ויש תקווה שהעולם ישוב ויתבהר.
מאת: נתן יונתן

“Y en la noche tormentosa, ya muy tarde, cuando los truenos ensordecen la oscuridad, y no vemos el firmamento, ni una estrella esplendorosa…entonces encendemos …lo que queda de la vela y hay esperanza de que el mundo nuevamente se ilumine.”

En cada pueblo la poesía se nutre de la narrativa compartida.

Mientras arde la vela , es un relato de nuestra tradición que en este Janucá, de tiempos alterados, de mucha incertidumbre, nos deja pensando.

 El sol se ponía detrás de legendarios bosques.
El Rabí caminaba lentamente hacia su casa. Por la calle observó una ventana abierta.
El zapatero estaba sentado junto a su ventana. Frente al zapatero ardía una pequeña vela. El zapatero estaba encorvado sobre sus zapatos y tenía los ojos completamente absortos en la labor remendadora. El rabí se detuvo a observar…
Vio a la mujer que se acercaba a su esposo y le sugería que abandonara el trabajo pues ya había oscurecido. El zapatero levantó la vista y la suspendió en la trémula llama de la vela y respondió:
– Mientras arde la vela hay tiempo para remendar.
El Rabí se había detenido junto a la ventana y había presenciado la escena y el diálogo.
El Rabí tornó a caminar. Su alma se agitaba ahora engrandes conmociones cósmicas. La verdad lo había deslumbrado. No fue a su casa. Corrió a la casa de estudios, como si una necesidad urgentísima lo apremiara.
Los muchachos lo miraron, extrañados. ¿Qué le pasaba al Maestro? Parecía trastornado. Se paró delante de ellos y dijo, con voz agitada, temblorosa:
– Mientras arde la vela hay tiempo para remendar. Esto lo aprendí de un pobre zapatero remendón. Y vine a contarles, porque es la gran lección de mi vida.
Y luego se fue, como el viento que lo había traído. Y ellos comprendieron. Y también ellos se estremecieron ante tamaña y sencilla verdad.

Janucá nos invita a celebrar,  a jugar y a revisar qué “milagro” podemos generar para traer un poquito mas de luz a esta sociedad, por momentos ensombrecida.
Jag Haurim Sameaj!

Mi héroe de Januca

Conocemos el relato, conocemos a sus héroes.

Sabemos de Matitiau, de su fortaleza y su tenaz negativa a aceptar  la cultura griega.

Sabemos acerca de Yehuda y sus hermanos  y de su lucha por proteger la fe de Israel.

Y también sabemos acerca del relato del milagro de Januca, cuando los Macabim  re-inauguraron el templo, encendiendo la Menora, con el aceite puro de la  diminuta vasija, que no había sido arrasada por el conquistador, y que milagrosamente duró 8 días. (hasta que pudieron conseguir nuevamente producir este aceite).

 

Sabemos todo esto.

Pero no sabemos quien fue el oculto y anónimo héroe de esta gesta: Aquel que logró esconder la vasija de aceite.

 

El que escondió el aceite es mi héroe de Januca.

El es mi antepasado espiritual.

Por su visión, por su fe, hay hoy  fragmentos diminutos de luz, chispas de santidad, ocultas por todas partes en el mundo. Hay trozos de  pureza y sabiduría esperándonos cuando finalmente podamos ver mas allá, del vacío, la desesperanza y el dolor.

  

Creer en el regreso de la luz, cuando todo el mundo se hunde en la oscuridad, es la lección de Januca. Hacer posible que reviva la esperanza, la sabiduría, la santidad de la luz, cuando por todas partes hay sólo  tinieblas, es el mensaje  que esta festividad nos convoca a recrear.

 

 januca¡Jag Haurim Sameaj!

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