Carta a mis nietos en vísperas del viaje a Kiev e Israel – 2010

Muy queridos Mati y Carolina:

Mati: cuando, con tu maravillosa curiosidad, me preguntaste una vez: Babi, cuántos nombres tenés? Rápidamente te contesté: dos,  uno en español y uno en hebreo. Pero, ¿saben?,  ahora, mientras preparo mi viaje a Kiev y desde allí a Israel, la pregunta de Mati vuelve a mí, y yo quiero contarles. Quiero decirles que tengo muchos nombres. Beatriz Estela, Braindl, Esther, Batia …y desde el día en que nació Mati: BABI. Cada uno de ellos tiene para mi, ahora, un sentido y un significado especial. Pero no siempre fue así. Los primeros nombres que mis padres eligieron para mí, rubricados en la sinagoga Max Nordau, de la calle Murillo, cuando tenía muy pocos días de vida, fueron Braindl Esther – en memoria de dos de mis cuatro bisabuelas. Braindl de la casa de Nerzis, nacida en WOLBROM, Polonia; y Esther de la casa de Maniszovich nacida en un pueblito de Ucrania. Estos son los nombres de mi herencia . Sólo después de haber elegido estos nombres, mis padres eligieron mis nombres en español tratando de que sean similares en su sonido a los del patrimonio familiar. Los nombres en español son los que aparecen en el DNI, en el pasaporte, en la documentación oficial y son los que no me gustan especialmente. BEATRIZ ESTELA Cuando yo era pequeña y me preguntaban mi nombre, respondía: BEATRIZ ESTELA BRAINDL ESTHER DRAGOVETSKY. Realmente me cansaba y además me daba mucha vergüenza. Después de todo, todos nuestros vecinos tenían como máximo dos nombres. Batia es un nombre hebreo que adopté para reemplazar a Braindl. Lo recibí de uno de mis grandes maestros (Abraham Platkin z”l) cuando se dio cuenta que tenía un romance con el idioma hebreo y que mi nombre Braindl empezaba a molestarme porque “era demasiado galútico.” Batia es el nombre con el que estoy conectada a mi profesión, a mi vida cotidiana, al Estado de Israel. Batia es el nombre que elegí para mí. Y respecto de BABI, es mi título honorario, lo porto desde que soy abuela y me colma de orgullo.

Hasta que su padre, el mayor de mis hijos, nació, en nuestra familia la elección de los nombres era una asunto muy importantes. Los nombres hasta ese momento, siempre señalaron la conexión con el pasado. Un pasado con orígenes en Polonia y Ucrania que hoy me trae a la memoria discusiones, imágenes, olores, sabores, canciones y juegos. Un pasado que me traslada a los momentos compartidos en casa de mis abuelos maternos. Me reactiva los recuerdos y las historias sobre las experiencias hermosas y dolorosas que el zeide Moishe, mi abuelo, trataba de transmitirnos acerca de la vida en el shtetl de Polonia.  Cuando supimos que íbamos a ser padres comenzamos a pensar acerca de los nombres. Puse una condición: nuestro hijo o hija tendría un solo nombre.  El mismo en español y hebreo. Al parecer, a los 24 años, todavía me pesaba mucho el hecho de haber recibido varios al momento de nacer.

Decidimos que nuestros hijos iniciarían una nueva tradición en la familia. Ellos portarían un nombre, su nombre, no el de algún familiar fallecido. Pero ciertamente ese nombre debía ser hebreo y de origen bíblico; un nombre a través del cual se podría conectar toda la belleza de las fuentes judías, con la promesa de un Israel próspero y en paz.  Mi bandera, mi banner por esos días era, no quiero mas un judaísmo de zis shver tzu zain a Yid.

Elegimos entonces dos nombres. Ariel y Daniela. Ariel es su padre. Y Daniela, la tía Dani, con quien tanto se divierten.

Cuando fuimos a invitar al zeide Moishe al brit milah de Ariel, nos preguntó: Como se llamará el niño?  ARIEL, le contestamos orgullosos de nuestra elección.

Mi zeide contestó: Vos far a Idish numen iz Ariel?  Nosotros no le respondimos. Esto no era una pregunta que requería una respuesta inmediata, era una pregunta retórica, mas aún era una advertencia: No se olviden de su herencia.

Pasó el tiempo, Ariel a su vez ha sido padre y estableció un hogar judío ejemplar. Cuando él y Daniela eran bebés yo les solía cantar antes de dormir, la canción que el zeide Moishe me cantaba a mi: Oifn Pripechok.  También a Uds. yo se las canto, y me emociono enormemente porque les gusta y recuerdan algunas de las frases. Mi Zaide decía fuerte, Guedenkshe taiere. Yo también lo hago.. Recuerden queridos, recuerden el árbol al que pertenecen. Pero háganlo con optimismo. El optimismo que está impreso como materia prima en cada uno de sus nombres. Mati, matana, Matityahu. En tu nombre se oculta el valor de asumir riesgos, de proteger las creencias y los ideales que tenemos como judíos y a partir de las cuales podemos hacer una contribución significativa, un regalo, para reparar el mundo. Tu nombre estará por siempre ligado a la epopeya de Hanukkah. Tu nombre tiene un profundo sentido de protección de la identidad.

Querido nieto, ojalá que el significado de tu nombre se refleja plenamente en tu vida. Que tengas siempre la capacidad de superar los obstáculos, la energía para desarrollar tu potencial, y puedas encontrar inspiración para cada una de las cosas que hagas en la historia de tu familia, una historia de nombres y personas honestas.

Caro, Meital, naciste en la misma semana en que leemos en la Torá la historia de Noé, el relato del Diluvio en el que se destaca la importancia del agua y la enorme energía que porta. Esa energía puede funcionar en dos direcciones opuestas: una – la de crear y proporcionar la vida, y la segunda la de destrucción y devastación. Pero al final del relato del mabul, aparece el arco iris. Una alianza, una promesa, y una bendición. En el judaísmo, el agua es fuente de bendición, y da vida al hombre y a todo lo que lo rodea.  Tu nombre hebreo porta una bendición: Meital: Agua de rocío, agua que refresca, agua que permite crecer, agua que enriquece la tierra.

36 años han pasado desde que recibimos la pregunta del zeide Moishe. Estoy segura que esta pregunta recibe respuesta todos los días, a través de Uds. y de los relatos y experiencias que juntos recreamos.

Los adoro,

Babi Batia

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