Despedidas, festejos, agonías, duelo, homenaje, memoria… ¡VIDA!

Mezcla de sensaciones. Múltiples emociones. Semana de vivencias diametralmente opuestas. Acompaño a mamá a ¿visitar?, ¿despedirse? de su hermana, mi tía.  No estoy segura de lo que va a suceder, tengo por cierto algún temor; es un momento difícil.

Me sorprenden. Después del impacto primero, en el cada una a su manera llora, las “chicas” empiezan  a desgranar recuerdos de su infancia, anécdotas que escucho por primera vez. Me siento testigo privilegiado de un momento casi “mágico”. Al cabo de casi una hora, ambas están cansadas. Son cansancios distintos. Feli, realmente no puede seguir hablando. Hizo un esfuerzo supremo. Mi mamá está agotada por su empecinamiento en “ser fuerte”. Mi marido la acompaña a su casa. Me quedo yo un rato más, en el que como la tía no logra conciliar el sueño, le tarareo una canción y me dice: a mi papá le gustaba mucho Avinu Malkeinu. Lo interpreto como un pedido. Como puedo le canto esa plegaria y luego otra y otra y se queda dormida, tranquila. Esa fue mi despedida, a solas con ella. Los días que siguieron fueron como un tiempo sin tiempo…

9 de agosto, día del niño- festejos con  hijos y nietos. Regalos, mimos. Baño de espuma para los nietos. Cena familiar,  figuras  de chocolate rellenas para cada uno de los hijos y nietos. Un cierre de semana para cargar las pilas, un agasajo para el alma y el corazón.

Empieza una nueva semana. Lunes 10,   mi primo llegó de España para estar con su madre en los últimos momentos. Es una semana importante. Se celebra el cincuentenario de la llegada de Marshall Meyer a la Argentina. El jueves 13 se presenta en el Seminario un libro dedicado a su memoria.  Lunes, martes, miércoles, como una maratón de casa al trabajo, del trabajo a acompañar a Mario, mi primo para que las últimas horas de Feli, no sean de soledad para él. Mientras tanto el homenaje a Marshall que habrá de suceder el jueves 13 por la noche, me provoca una emoción  y una congoja que intento descifrar.

Las últimas horas de Feli fueron las del miércoles por la noche. Hacía sólo dos horas que nos habíamos ido para que Mario descanse. Cenamos temprano y me acosté mas temprano que de costumbre, apenas cerré los ojos y sonó el teléfono, era Mario; Felisa ya no estaba entre nosotros.

Acompañamos a Mario con los trámites, allí nos enteramos de la muerte, el mismo día de Mario Ringler, quien fuera por años Presidente del Seminario. ¡Qué ironía! El día del homenaje a Marshall, es el día  en el que lo entierran. Hago noche en el velatorio, y después de volver del cementerio me acuesto a descansar, pero a las 18 hs., estoy nuevamente en pie, lista para la ducha y poder participar del homenaje.

El Seminario está de duelo y también celebra. Celebra la vida y la obra de su fundador. Gente de todas las edades que de alguna manera se sintió influida  por su obra, se encuentra, se reencuentra y la emoción y la alegría es inmensa. Los recuerdos bullen en el interior de cada uno de nosotros, a medida que fluyen las imágenes del video y la belleza de la música nos trae recuerdos de tiempos de juventud. La compiladora, con emoción,  da lugar a la palabra de cada uno de los tres oradores, mientras con su relato personal teje la trama de una historia que, como lo expresaba Marshall, reverbera en cada uno de nosotros.

Graciela F. Meijide, madre de un desaparecido, es la primera en tomar la palabra. Continúa entretejiendo la semblanza el pastor Aldo Echegoyen, su amigo, su compañero de reflexiones y diálogos fecundos que intentaban construir entendimientos en épocas en las que hasta hablar de ideales con otros era “peligroso”. Daniel Fainstein, brillante discípulo que supo expresar a través de sus palabras el sentir de muchos de los que allí estábamos. Se acerca alguien  a saludarme y me pregunta, ¿cómo estas?, y me sorprendo diciendo, cuando estoy acá estoy muy bien.

Termina el homenaje y mientras camino las pocas cuadras que separan al Seminario de mi casa, y hago un raconto mental de todo lo que en estos últimos días sucedió, logro descifrar el enigma de la congoja y la emoción: Es la vida,  la vida que  a veces te coloca ante situaciones irreversibles, otras te lleva a replanteos y cuestionamientos. Es la vida que trae todo esto junto, despedidas, festejos, agonías, duelo, homenajes, nostalgias, MEMORIA.

TENEMOS UNA CITA DE HONOR

Invitacion Presentacion Libro