Ki Tisá- Cuando un rostro se ilumina

Esta semana comenzaron las clases. Esta semana que hoy finaliza es la primera de unas muchas, esperamos,  en las que en cada jornada escolar, en cada espacio institucional tendremos la maravillosa oportunidad de recrear  la  magia que implica el encuentro entre alumnos, docentes, familia y escuela;  encuentro este  que  consagra el tiempo y el espacio en el que se desarrolla el acto educativo.

 En su libro “The Uses of Tradition” Jewish continuity in the modern Era”  Las aplicaciones de la tradición: Continuidad judía en la era moderna el  Dr. Jack Wertheimer,  nos cuenta que:

 La última vez que el escritor Franz Kafka visitó Berlín, se encontró en el parque con una pequeña niña que lloraba.  Cuando le preguntó que le pasaba, ella le contó que había perdido su muñeca.  Lleno de compasión, Kafka le respondió que no era así, que la muñeca sólo se había ido de viaje y, que de hecho, él la había conocido cuando estaba a punto de partir.  Le prometió a la niña que si volvía al día siguiente al parque, él le traería una carta de su muñeca.  Y así hizo Kafka durante varias semanas, llegando cada mañana al parque con una carta para su nueva amiga.

Pasó el tiempo y el escritor tuvo que volver a Praga, pero no sin antes comprarle otra muñeca a la niña.  Junto a la nueva muñeca, venía una carta en la que Kafka insistía que ésa era la muñeca que pertenecía a su amiga. 

Por supuesto que se veía diferente, pero esto no era de extrañar, ya que la muñeca había visto muchas cosas interesantes y vivido muchas experiencias nuevas en su largo viaje.  La vida había cambiado su apariencia.  

Una experiencia potente y significativa nos transforma y nos cambia tanto externa, como internamente. Estamos iniciando una experiencia de esta naturaleza, un nuevo ciclo lectivo.

La parasha que leemos este Shabat – Ki Tisa – nos cuenta, al finalizar,  que  la segunda vez que Moshe subió al Monte Sinaí por las Tablas de la Ley, esto es, después del episodio del becerro de oro, la intensidad de la vivencia de lo divino provocó que,  al bajar,  su rostro brillara permanentemente. 

Subió de una manera y bajó distinto, transformado por su experiencia,

Indudablemente, lo externo es solamente el reflejo de una realidad interna. 

Así esperamos que este año nos enriquezca,   a través de los aprendizajes y vivencias que podamos transitar.

Esperamos que cada acto educativo nos transforme, y nos ilumine como le ocurrió a Moshe en Sinai, para que podamos acercarnos cada vez mas a ser las personas que queremos ser, la Comunidad  a la que  queremos pertenecer y el país en el que elegimos habitar.

 Shabat Shalom Umeboraj!

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