Mamá, Abu, Rosita… tus manos

Photo21_20ASiempre: Las manos tendidas, las manos ocupadas, las manos crispadas por el dolor, las manos cerradas con fuerza conteniendo todas las lagrimas que aún no derramó (para que no la vean llorar).

Ayer nomás: las manos cosiendo, cocinando, tejiendo,  juntando caracolitos en la playa junto a sus nietos.

Hoy: las manos en las de sus bisnietos, imaginando y dibujando con ellos pistas de carreras de autos en el mantel; las manos conservando cada objeto que es un recuerdo.

Manos ya cansadas, pero con voluntad de hierro.

 Esas son las manos de “mi madre”.

Para esas manos y las de muchas madres que ya son abuelas y bisabuelas le pido prestada a Peteco Carabajal su poesía, homenaje a las manos de su madre.

“Como pájaros en el aire”

Peteco Carabajal

Las manos de mi madre

son como pájaros en el aire

historias de cocina

entre sus alas heridas

de hambre.

Las manos de mi madre

saben que ocurre

por las mañanas

cuando amasa la vida

hornos de barro

pan de esperanza.

Las manos de mi madre

llegan al patio desde temprano

todo se vuelve fiesta

cuando ellas vuelan

junto a otros pájaros

que aman la vida

y la construyen con el trabajo

arde la leña, harina y barro

lo cotidiano

se vuelve mágico.

Las manos de mi madre

me representan un cielo abierto

y un recuerdo añorado

trapos calientes en los inviernos.

Ellas se brindan cálidas

nobles, sinceras, limpias de todo

¿cómo serán las manos

del que las mueve

gracias al odio?

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Despedidas, festejos, agonías, duelo, homenaje, memoria… ¡VIDA!

Mezcla de sensaciones. Múltiples emociones. Semana de vivencias diametralmente opuestas. Acompaño a mamá a ¿visitar?, ¿despedirse? de su hermana, mi tía.  No estoy segura de lo que va a suceder, tengo por cierto algún temor; es un momento difícil.

Me sorprenden. Después del impacto primero, en el cada una a su manera llora, las “chicas” empiezan  a desgranar recuerdos de su infancia, anécdotas que escucho por primera vez. Me siento testigo privilegiado de un momento casi “mágico”. Al cabo de casi una hora, ambas están cansadas. Son cansancios distintos. Feli, realmente no puede seguir hablando. Hizo un esfuerzo supremo. Mi mamá está agotada por su empecinamiento en “ser fuerte”. Mi marido la acompaña a su casa. Me quedo yo un rato más, en el que como la tía no logra conciliar el sueño, le tarareo una canción y me dice: a mi papá le gustaba mucho Avinu Malkeinu. Lo interpreto como un pedido. Como puedo le canto esa plegaria y luego otra y otra y se queda dormida, tranquila. Esa fue mi despedida, a solas con ella. Los días que siguieron fueron como un tiempo sin tiempo…

9 de agosto, día del niño- festejos con  hijos y nietos. Regalos, mimos. Baño de espuma para los nietos. Cena familiar,  figuras  de chocolate rellenas para cada uno de los hijos y nietos. Un cierre de semana para cargar las pilas, un agasajo para el alma y el corazón.

Empieza una nueva semana. Lunes 10,   mi primo llegó de España para estar con su madre en los últimos momentos. Es una semana importante. Se celebra el cincuentenario de la llegada de Marshall Meyer a la Argentina. El jueves 13 se presenta en el Seminario un libro dedicado a su memoria.  Lunes, martes, miércoles, como una maratón de casa al trabajo, del trabajo a acompañar a Mario, mi primo para que las últimas horas de Feli, no sean de soledad para él. Mientras tanto el homenaje a Marshall que habrá de suceder el jueves 13 por la noche, me provoca una emoción  y una congoja que intento descifrar.

Las últimas horas de Feli fueron las del miércoles por la noche. Hacía sólo dos horas que nos habíamos ido para que Mario descanse. Cenamos temprano y me acosté mas temprano que de costumbre, apenas cerré los ojos y sonó el teléfono, era Mario; Felisa ya no estaba entre nosotros.

Acompañamos a Mario con los trámites, allí nos enteramos de la muerte, el mismo día de Mario Ringler, quien fuera por años Presidente del Seminario. ¡Qué ironía! El día del homenaje a Marshall, es el día  en el que lo entierran. Hago noche en el velatorio, y después de volver del cementerio me acuesto a descansar, pero a las 18 hs., estoy nuevamente en pie, lista para la ducha y poder participar del homenaje.

El Seminario está de duelo y también celebra. Celebra la vida y la obra de su fundador. Gente de todas las edades que de alguna manera se sintió influida  por su obra, se encuentra, se reencuentra y la emoción y la alegría es inmensa. Los recuerdos bullen en el interior de cada uno de nosotros, a medida que fluyen las imágenes del video y la belleza de la música nos trae recuerdos de tiempos de juventud. La compiladora, con emoción,  da lugar a la palabra de cada uno de los tres oradores, mientras con su relato personal teje la trama de una historia que, como lo expresaba Marshall, reverbera en cada uno de nosotros.

Graciela F. Meijide, madre de un desaparecido, es la primera en tomar la palabra. Continúa entretejiendo la semblanza el pastor Aldo Echegoyen, su amigo, su compañero de reflexiones y diálogos fecundos que intentaban construir entendimientos en épocas en las que hasta hablar de ideales con otros era “peligroso”. Daniel Fainstein, brillante discípulo que supo expresar a través de sus palabras el sentir de muchos de los que allí estábamos. Se acerca alguien  a saludarme y me pregunta, ¿cómo estas?, y me sorprendo diciendo, cuando estoy acá estoy muy bien.

Termina el homenaje y mientras camino las pocas cuadras que separan al Seminario de mi casa, y hago un raconto mental de todo lo que en estos últimos días sucedió, logro descifrar el enigma de la congoja y la emoción: Es la vida,  la vida que  a veces te coloca ante situaciones irreversibles, otras te lleva a replanteos y cuestionamientos. Es la vida que trae todo esto junto, despedidas, festejos, agonías, duelo, homenajes, nostalgias, MEMORIA.

¿Falta de autoridad de los alumnos?

El 14 de agosto, en ocasión de la inauguración de la Expoeducativaque anualmente organiza el Diario Clarín,  forme parte – en  representación del C.C.E.J.R.A.- de un panel que respondía preguntas de docentes padres y alumnos. Éstas  habían sido videadas al término de una de  las Actividades vinculadas con “Ciudad Educativa”.

Acá va la pregunta que me tocó responder, y que en el video formulaba un padre: 

ME GUSTARÍA SABER ¿QUÉ ES LO QUE OPINAN USTEDES CON RESPECTO A LA FALTA DE AUTORIDAD DE LOS ALUMNOS Y LA VIOLENCIA DE LOS ALUMNOS PARA CON LOS PROFESORES? ME GUSTARÍA SABER ¿QUÉ ES LO QUE PUEDE ESTAR FALLANDO?

 Si… leyeron bien! Lo que el padre quiso preguntar  en primera instancia es acerca de la autoridad de los maestros, pero su fallido, refleja claramente el nivel de confusión que impera por todos lados respecto del tema de la autoridad!

Me habían pasado el asunto de la violencia de los alumnos hacia los profesores, la falta de autoridad de los docentes, el desgastado rol de la escuela, un día antes, con la consigna de que tenía cinco minutos para hablar.

Obviamente me prepare una guía para no excederme y plantear no sólo mi postura sino también algo acerca de lo que el judaísmo aporta sobre la temática.

Al escuchar y ver la pregunta no pude con mi genio e hice un comentario acerca del fallido, que en principio produjo una sonrisa compartida en el auditorio que,  luego enmudeció cuando,  para empezar a plantear la respuesta a la presunta pregunta acerca de la “falta de autoridad de los docentes y la violencia en la escuela”, señalé que en la particular manera de plantear la pregunta el padre estaba dando la respuesta, o por lo menos su respuesta: Cada vez mas padres confundidos acerca del concepto de autoridad.

Escenas temidas

Una escena temida. Olvidarte en algún lugar a tu hijo o hija!

 Es realmente una escena temida de cada madre, tal vez también de los padres. Lean atentamente! Esto pasó en el aeropuerto Ben Gurión!

http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-3577365,00.html

Para los que no entienden inglés va el artículo del diario Clarín.

 

Una pareja se olvidó a su hija en el aeropuerto de Tel Aviv

 http://www.clarin.com/diario/2008/08/04/um/m-01730020.htm

 

 Aca va la versión del diario Haaretz….

 

 

 

 

 

 

 

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