EDUCACIÓN JUDÍA Y MILITANCIA.

Nací judía.  No nací ortodoxa,  laica, conservadora ni reformista. El haber nacido judía y mantener alguna forma de vida judía no me hace a diferente o especial y no me otorga el título de guardiana del “reino” del judaísmo todo.

Yo nací judía y decidí que dedicarme a la educación es mi estilo  de “militancia”.

Creo que no hay una  manera correcta o incorrecta de identificarse como judío, y la forma  de hacerlo de cada cual   es parte de una decisión personal, particular; por lo que   ningún camino puede considerarse mas o menos  eficaz que otro.

 Para mí, ser judía implica:

  • Hacer aportes para la reparación de este mundo roto y fragmentado en que vivimos.
  • Reconocer que esta es una tarea personal y colectiva de la cual soy responsable a lo largo de toda mi vida.
  • Afirmar la santidad de la vida de cada ser humano, para acercarme a la visión profética de un mundo en paz y en armonía.
  • Defender lo que es posiblemente el más simple y revolucionario concepto que surge de nuestros textos y abrazar el significado simbólico profundo que los rabinos dieron a la historia de Adán y Eva – que todos nosotros, cualquiera que sea nuestra raza, religión o etnicidad, compartimos un mismo árbol genealógico y que nadie puede reclamar superioridad sobre nadie más.
  • Celebrar el hecho de que en el judaísmo la pluralidad de ideas e interpretaciones forman parte inseparable de su esencia.
  • Celebrar SINAI y el relato que señala el  esfuerzo pionero de los judíos para establecer un Código de conducta moral universal.
  • Actuar como si ese código de conducta fuera mi GPS en mi permanente caminar- perseguir la justicia, tratar a mi prójimo como desearía ser tratado, acoger al extranjero en nuestro medio, ser sensible al medio ambiente y buscar siempre la paz.
  • Reconocer que soy  heredera y custodio de una civilización que tiene miles de años, y que tiene dentro de ella abundantes riquezas de filosofía y ética, música y arte, etnografía e historia, teología y Fe, y mucho más que es  suficiente para toda una vida de exploración y educación sin fin.
  • Apreciar la centralidad de la discusión y el debate sobre grandes cuestiones de la vida, el delicado equilibrio de la tradición y la modernidad, y rechazar opiniones impuestas o pensamiento doctrinal.
  • Tener un pasado al que estoy intensamente unida por las generaciones que me precedieron y un destino común;  un futuro que me une a los integrantes del pueblo todo.
  • Hacer de la MEMORIA un espacio de militancia y al mismo tiempo celebrar la vida
  • Afirmar el entrañable vínculo entre ISRAEL y el Pueblo Judío, celebrar junto a Medinat Israel,  estar expectante y atenta  ante los problemas que enfrenta y mantener y alentar el  contacto con sus habitantes.
  • Saber que en la lucha contra el antisemitismo y en la defensa del derecho de Israel a vivir en paz y seguridad, estoy afirmando los más altos valores de celebración de la diversidad, de la vida y de la democracia para todos.
  • Hacer orgullosamente contribuciones, desde el judaísmo, para la defensa de los derechos humanos
  • Comprender y aceptar que vivimos en un mundo que aún no ha sido creado totalmente, que a los hombres de cada época y de cada generación les cabe una gran responsabilidad en el proceso de creación continua; y en este punto, el tejido armonioso del entramado social tiene una profunda importancia.
  • Ser una permanente buscadora de la verdad y reconocer que ésta no es patrimonio de unos pocos o muchos iluminados.
  • Considerar a los judíos en Israel y en las Comunidades judías del mundo MISHPAJA (familia) y celebrar cuando la familia toda celebra y mantener con sus miembros conversaciones, aun cuando discrepemos…
  • Transmitir que como familia tenemos una Lengua que nos une, e insistir en la necesidad de que el IVRIT (lengua hebrea) tenga el lugar que le corresponde como “pegamento” de los judío todos, dondequiera se encuentren.

La DIVERSIDAD judía ha sido siempre la norma.

Abrazar concientemente esa diversidad, celebrando la variedad, nutriéndonos y consolidando nuestra propia identidad en las diversas maneras de expresar el judaísmo, es dar lugar al PLURALISMO.

Unidad de herencia – Unidad de destino.

Nuestra herencia – los bloques del edificio a partir de los cuales construimos nuestra identidad judía – es idéntica.

La misma Tora, los mismos profetas, los mismos Salmos. Nos nutrimos en los mismos textos del Talmud, en el Midrash, en la rica filosofía que se desarrolla en el pensamiento judaico en constante evolución. Nos emociona la misma poesía.

Nuestras raíces son iguales, aun cuando filtramos nuestra comprensión de las mismas a través de lentes contemporáneos diferentes.

Con respecto a la unidad de destino. Compartimos un futuro común. Ningún grupo dentro de nuestro Pueblo está exento de los desafíos y de las tensiones que caracterizan los tiempos en que vivimos.

Siempre tuvimos presente que o los enfrentábamos todos juntos o fallaríamos todos juntos. Nuestro destino permanece literalmente en nuestras manos y en las de los otros, que son parte de nosotros.

Estoy convencida que siempre y cuando me siga  preguntando  a mi misma por qué debo considerar  el ser judío una parte significativa de mi identidad y cuáles son los elementos constitutivos del Judaísmo que elijo para mi vida, estaré parada en la  misma página de la historia  con todos los demás judíos que  se preguntan  exactamente lo mismo.

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“Ze hashir shesaba, shar etmol leaba, ¿Vehaiom, Ani…?”

Hacia un enfoque auténtico y significativo en  la enseñanza del Tanaj

El Tanach desempeñó un papel central en el desarrollo de nuestro pueblo y los significados e ideas en él contenidos fueron de suma importancia en la etapa de consolidación de una  ideología nacional sustentada en los  valores particulares y universales que del  libro emanan. Entre  las décadas de los 50 y 70 del siglo XX la Biblia estaba “iluminada” de un resplandor especial, exaltado especialmente por los relatos de los que se desprende un  heroísmo y una épica concretamente ligada a los primeros años de construcción del Estado de Israel   y al mismo tiempo por  vincularnos a una lengua que entonces,  estaba en pleno proceso de “renacimiento” en los marcos educativos de la  diáspora.

El estudio del Tanach y su enseñanza eran entonces muy valorados, y los docentes de estudios judaicos tenían una sólida formación, conocimientos y convicciones, que los inspiraban a convocar a los jóvenes  alumnos a recorrer los textos bíblicos, no sólo como fuente de las enseñanzas halájicas, sino  en busca de relatos y mensajes significativos, pasibles de ser reinterpretados  (los vínculos entre hermanos,  la naturaleza del ser humano, la justicia social,  la relación padres e hijos, los dilemas vinculados al concepto de pueblo elegido, etc).

Los  mediados de los ochenta trajeron consigo cambios socio-económicos y culturales.   El status elevado del contenido del texto bíblico, no constituía  ya, per se,   un acuerdo tácito.

En el marco de las escuelas Ortodoxas y jareidiot  estos cambios no tuvieron un gran impacto. En estas escuelas, los espacios destinados al abordaje y estudio de los contenidos  judíos no se han visto, a través del tiempo, afectados por la irrupción en las aulas de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ni por la incorporación del Inglés como lengua extranjera. Sin embargo, esta nueva realidad afectó en escala creciente   la  cantidad de horas dedicadas a las materias judaicas en los Jewish  Day Schools  de diferentes denominaciones ideológicas.

Aun así,  en las clases,  e intercambios con jóvenes alumnos  yo solía decir con mucha seguridad, tomando el Sefer Tanach en la mano: Con el texto de este libro han conversado  mis antepasados,  el le ha hablado a mis bisabuelos y abuelos, a mis padres , me habla  a mi y confío en que le hablará a mis nietos. Y tal como se desprendía de todo lo que  aprendí en dialogo con el texto,  no vacilaba en tomar la letra del poema Jai  de autoría de Ehud Manor,  para  parafrasearlo y destacar el vinculo indisoluble  entre el Tanach y cada uno de los integrantes de nuestro pueblo, mas allá de su filiación religiosa.

En esos años, quienes nos dedicábamos a la educación judía, insistíamos en recrear aquello que habíamos “vivido” como alumnos.

Esta posibilidad de dialogar, conversar, disentir  con el texto y de continuar interrogándolo estuvo, en mi experiencia personal, siempre mediada por docentes que ponían pasión,  amor y abrían puertas a la reflexión y a las preguntas

Eran tiempos en que la afirmación: “Vekol Hatora Kula Shirá, Vetiferet Hashir Hi Kshehakolot Shonim Ze MiZe” ( Aruj Hashulján, Hakdama Lejoshen Mishpat), adquiría relevancia y autenticidad en cada uno de los marcos educativos en los que se producía la magia del encuentro entre el educador y sus educandos.

El Tanach era  el canto o poesía  que de generación en generación se transmitía con un rico mensaje de VIDA.

¿Cuál es la situación hoy?

El devenir de un nuevo siglo, nos presentó un escenario diferente. Hoy el debate acerca de los valores no   es ya unívoco como en el pasado, y toda persona afectada  y preocupada por la educación judía como llave para garantizar la continuidad, está o debería estar  interpelada por  la preocupación acerca de la  “afirmación – interrogación”  con la que he titulado esta reflexión y que vuelvo a formular:

Ze hashir shesaba, shar etmol leaba, ¿Vehaiom, Ani…?”

El Tanach  es percibido, en muchos  de los marcos educativos  de distintas denominaciones ideológicas, como “perteneciente” en términos de discurso público a otro grupo – el religioso ortodoxo. Y si esto no fuera suficiente, son muy pocos ya  los espacios educativos en los que hay en los primeros años de escolaridad primaria una carga de horario adecuada para el área de lengua hebrea, que permita llevar a los alumnos en los años superiores  a un abordaje del Makor en su idioma original, sin  una excesiva dificultad idiomática.

Tal como es planteado el estudio del Tanach en algunos  marcos educativos:  capítulo tras capítulo, versículo tras versículo,  en medio de un enjambre de “beurei milim” (explicaciones de palabras),   el contenido pierde relevancia y autenticidad para el alumno,  habla un idioma diferente, ajeno, incomprensible y extraño;  algunos de los  mensajes e historias  son percibidos por los alumnos – seguramente también por los docentes – como ficciones lejanas a los intereses  e interrogantes que los pueden conmover.

Respecto de los docentes es lamentable tener que decirlo pero:

Muchos docentes de Tanach  no han recibido  nunca formación formal en el campo de la didáctica de su enseñanza. Se enfrentan a desafíos y dificultades en las aulas para los que nunca fueron debidamente preparados.

Hay  maestros que sólo han leído en el Tanach lo pocos prakim o psukim que les enseñan a los alumnos.

Entonces, ya no se enseña Tanach, se enseña acerca del Tanach.

El docente, dentro de la escuela judía, no es un mero transmisor. Sin lugar a dudas, en todos los casos, y sea cual fuere su lugar de inserción dentro del sistema (jardín, primario, secundario), su actitud en relación al Tanach y la relevancia de su mensaje determinará el grado de  compromiso con su tarea especifica, y al mismo tiempo posibilitará o no, el clima necesario dentro de una sala o aula para que cada actividad sea realmente fuente de aprendizaje.

El Moré  debe actuar como un mediador entre los aprendices y  la cultura y el lenguaje simbólico  de nuestro pueblo, de forma tal que los alumnos puedan percibir cercanía y familiaridad con nuestras fuentes, y desarrollen la convicción de que ellas pertenecen a “su mundo”.

Esta no es una empresa fácil. Se requiere  para ello  no sólo un conocimiento  profundo del campo sino el desarrollo de estrategias de enseñanza aprendizaje, que le permitan seleccionar adecuadamente el material a trabajar en clase y modalidades de abordaje  que sean relevantes para el alumno.

Tal como nos sucede con las personas, los textos nos resultan distantes y ajenos  cuando no hemos logrado adentrarnos en un diálogo inteligente y desafiante con ellos.

La valoración del texto bíblico en sus múltiples interpretaciones debería  constituir para cada uno de nosotros,”morim”, un compromiso ineludible.   Tenemos que poder sentir: Esto me importa, su mensaje me pertenece y me enriquece, deseo mostrarlo, transmitirlo y enseñarlo, me  resulta placentero e importante hacerlo, porque en primer lugar lo elijo para mí.

En los institutos de formación docente deberíamos alentar el estudio del Tanach desde esta perspectiva de diálogo con el texto. Dialogo nutrido de interrogantes vinculados con las temáticas y problemáticas  que tienen relevancia hoy y que nos permita,  en los tiempos alterados que transitamos,  redescubrir la fuente de espiritualidad contenida en  el Tanach.

Al prepararnos para compartir la maravillosa experiencia de abordar con los jóvenes el texto bíblico, tendríamos que preguntarnos acerca de ellos  y sus características e intereses: ¿Cuáles son los estudiantes? ¿que buscan (y no sólo lo que queremos que ellos sepan)? ¿Cómo podemos ayudarles a dar forma a sus propios viajes de aprendizaje? ¿Cómo podemos hacer que tomen conciencia de los recursos y las oportunidades que pueden descubrir en esta fuente inagotable de sabiduría? ¿Cómo facilitarles acceder y moverse entre estas posibilidades?

En pocos días celebraremos Pesach.

Si en nuestras clases de Tanach,   Pesaj se reduce a la enumeración de las costumbres y normas, al relato del nacimiento de Moshé y a la salida de Egipto, habremos sido sólo buenos transmisores del “saber”.

Si logramos trabajar con nuestros alumnos (partiendo de sus propias experiencias cotidianas,  anclando en sus inquietudes y  utilizando múltiples recursos) , acerca del valor que en nuestra tradición  y para nuestro pueblo tiene el concepto de libertad;  si logramos ahondar en conversaciones en las que nos interroguemos acerca de la reiteración en nuestras plegarias cotidianas de la formulación  Zecherlitziat mitzraim, si pudiéramos destinar un  tiempo valioso para analizar en el Tanach que lugar les cupo a las mujeres en el Éxodo, podremos llegar  seguramente al estudio de los capítulos de Shmot, agregando a la experiencia de aprendizaje, significatividad, relevancia y autenticidad.

La enseñanza del Tanach  y la selección adecuada de qué y cómo enseñar continúa siendo una cuestión  importante para nuestro sistema educativo judío.

Durante gran parte del siglo XX, el objetivo manifiesto o latente de la educación judía  era hacer a los judíos más judíos. Mucho aprendizaje judío, incluida la selección de textos bíblicos que la escuela abordaba,  había  sido diseñado para motivar y equipar a los judíos para la práctica del judaísmo. Estos objetivos, no siempre respondían a las preguntas fundamentales que muchos judíos se formulan hoy:

¿Qué importancia tiene esto para mí? ¿Cómo puedo a través de mi judeidad añadir significado, propósito y plenitud a mi vida?

En una época de identidades globales, una educación judía “parroquial”, no va a favorecer la necesidad de que la tradición judía enriquezca y de sentido a nuestras vidas.(no sólo a las partes de ellas que tienen lugar en ambientes judíos).

Hoy tenemos la necesidad de generar una aproximación al judaísmo no como una posesión en peligro que debe ser protegida y acumulada. El judaísmo es un sistema rico, multidimensional que favorece el vivir una buena vida. Debe ser explorado desde muchos ángulos, enriquecido con nuevos aportes y perspectivas.

En líneas generales conocemos algunos  de las cuestiones que preocupan a los niños y jóvenes. Ellos están preocupados por la ecología, por la injusticia, por el horror de la guerra, por el hambre, los derechos de los más débiles  entre otros temas.

Acerca de cada uno de estos tópicos  tenemos una maravillosa oportunidad de  bucear en el texto bíblico realizar una selección adecuada de versículos,  e invitarlos a dialogar  y reflexionar con cada uno de ellos.

Con sensibilidad en la comprensión de quienes son nuestros alumnos y cuáles son sus intereses tenemos que buscar distintas puertas de entrada para incorporar los contenidos relevantes

Tomemos como ejemplo el tema de la sustentabilidad del planeta

Llevemos a la clase textos de distintas fuentes, periódicos, revistas, prosa y poesía que aborden,  por ejemplo,  el tema de la contaminación.

Propongo como ejemplo el siguiente texto de Ehud Banaí

 אהוד בנאי  I  יום כדור הארץ

 מדברים עכשיו לא מעט על מצבו העגום של כדור הארץ ואני שומע,כולם אומרים,חייבים בדחיפות לעשות משהו כמו: יום ללא מכוניות, יום ללא רכבות, יום ללא מטוסים, יום ללא אוטובוסים ואופנועים, יום ללא עישון, יום ללא עשן, יום ללא מכונות כביסה, יום ללא מיבשי כביסה ,יום ללא מדיחי כלים, יום ללא טלפונים, יום חיסכון באנרגיה, יום ללא בישול, יום ירוק, יום כחול, יום סגול, יום ללא תאונות, יום ללא עבודה, יום ללא לחץ, יום עגול.

ואני אומר:

יש לנו יום כזה מאז שאנחנו זוכרים את עצמנו כעם.
יש לנו יום כזה מאז ומתמיד. מאז שנברא העולם.

יש לנו את השבת, כן, שבת, רבותי, שבת!
שבת זה הרי היום הטוטאלי למען כדור הארץ.
זה טוב לאויר, זה טוב לאדמה, זה טוב לכביש, לים, למים,ולרוח לנשימה ולנשמה,זה זמן איכות לסביבה, זמן איכות למשפחה, זמן איכות למנוחה…

“ויברך אלוהים את היום השביעי ויקדש אותו
כי בו שבת מכל מלאכתו אשר ברא אלוהים לעשות

Promovamos un diálogo acerca de esta situación.  Propongamos buscar en el texto de Banai las referencia  tomadas del Tanakh.

Iniciemos nuestro recorrido por el relato de la armonía inicial de la creación, el séptimo día el Shabat,  destacamos el verbo LAASOT. Incorporemos la dimensión  de la responsabilidad del hombre: sobre la tierra “Leovdá uleshomrá.”

Sigamos recorriendo el Tanakh, haciendo hincapié en preceptos tales como Shmitá , Yovel y en versiculos como: Vehaaretz lo timaker litzmitut ki li kol haaretz.

Orientemos el trabajo en Javruta en torno a este último versículo.

Compartamos las reflexiones con el grupo total  escuchemos  los múltiples enfoques en  las interpretaciones de nuestros alumnos, a la luz de sus propias experiencias. Cuando hagamos el cierre sinteticemos las voces  de los Textos:

En primer lugar, nuestra tradición sostiene que la tierra y todo lo que ella alberga es una creación de Dios. La existencia de este mundo no ha sido determinada por los esfuerzos humanos, y tampoco existe sólo para nosotros. Dios creó este mundo y la vida que hay en él; y nosotros somos habitantes temporarios de este planeta.

 Nosotros, como criaturas con libre albedrío, somos los únicos responsables del orden establecido en la creación y nuestro deber es cuidarlo y trabajar por él. 

Replantear la enseñanza del Tanach  esencialmente sobre el significado, en lugar de centrarla sólo en conocimientos, rutinas y habilidades, será una de las llaves para  el logro de los objetivos generales de la Educación Judíaen la diáspora de forma tal que podamos pasar de la pregunta a la afirmación: “Ze hashir shesaba, shar etmol leaba, Vehaiom, Ani: ANI OD JAI”

El desafío mas grande y substancial que se nos plantea como educadores,  es el de   transformar a cada uno de nuestros alumnos  en socios verdaderos y co-creadores de sus experiencias educativas, para que puedan interrogar al texto, interrogarnos, compartir la comprensión de algunas respuestas en él encerradas, abrir la puerta a nuevas preguntas para que el canto, “Shira” de la Torá se vea enriquecido siempre por múltiples voces e interpretaciones, que permitan a cada generación encontrar espacios de inspiración entre sus versos.

Preparándonos para recibir el 5769, en la Década de la Educación para un Futuro Sostenible

“En el mes séptimo, en el primer día del mes habrá un solemne reposo para vosotros, una conmemoración proclamada con el resonar de las trompetas, una sagrada convocatoria, no haréis ningún tipo de trabajo.”  Levítico 23:24-25

ROSH HASHANA  se celebra dos días, el 1º y el 2º día del mes de Tishrei (el séptimo mes del Calendario hebreo).

Toda la liturgia de esta festividad se basa en el concepto rabínico de “haiom arat olam” (“hoy es el día de la creación del mundo”), porque en este día recordamos, de acuerdo a nuestra tradición,  la creación del hombre, la creación de Adam, el primer ser humano sobre la faz de la tierra.

El judaísmo está relacionado de un modo singular con el  concepto de creación y durante estos días sagrados dramatiza esta relación única y nos convoca a realizar los esfuerzos necesarios para mejorar nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestras familias y en consecuencia, a nosotros mismos.
Es decir que Rosh Hashana,  que recuerda simbólicamente que Dios creó el universo nos hace un serio llamado a la reflexión acerca de lo que hicimos con el universo que Él nos dio, si lo cuidamos, si lo destruimos, si utilizamos con responsabilidad sus dones.

 La festividad tiene diversos nombres que reflejan estos conceptos:

 1)      IOM HAZIKARON, el Día del Recuerdo.

Recordamos en la lectura de la Torá  y la haftará del primer día a las mujeres estériles en la Biblia. De acuerdo con el Talmud, Sara, Rajel y Jana dieron a luz en Rosh Hashana (R. H. 10b). Por tanto, leemos la porción de la Tora sobre Sara y la Haftara sobre Jana.

Como suelo decir, estos textos nos hablan hoy de una manera diferente a la que les han hablado a nuestros padres y abuelos.

Las Naciones Unidas, frente a la gravedad y urgencia de los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad, ha instituido una Década de la Educación para un Futuro Sostenible (2005-2014)

En tanto estamos atravesando este decenio, Rosh Hashana es el momento propicio para reflexionar acerca de las mejores alternativas que se nos plantean para dejar de hacer del mundo un lugar estéril, e invertir nuestros mejores esfuerzos por transformarlo en un espacio de  vida. 

Iom Hazikaron se refiere también al recuerdo y a la memoria, de nuestras aciones privadas, individuales y familiares, nos interroga acerca de nuestra pertenencia comunitaria, acerca del aporte que hacemos a la sociedad en que vivimos, y respecto del compromiso con nuestro pueblo y su historia. 

2)      IOM HADIN, el Día del Juicio, en que Dios nos juzga por nuestras acciones y pecados, y  por lo que hemos hecho y participado directa o indirectamente en la reconstrucción o destrucción de su mundo.

3)      IOM TERUA, el Día del Toque del Shofar, a fin de que despierte nuestra conciencia dormida, para que tomemos conciencia de la incidencia que tienen nuestras acciones cotidianas, en el mundo, en la sociedad en la que vivimos.

Como dice una  hermosa canción en hebreo,  KOL SHANA MATJILÁ BE SIGNON SHEELÁ, cada año comienza con un  signo de pregunta….
Nada más cierto, ya que es en este período del año en que nos peguntamos: ¿Cuántas de nuestras intenciones plasmaron en acciones? ¿Qué nos propusimos ser y qué somos?  ¿Cómo actuamos con nuestro prójimo, con nuestros amigos y familiares?  ¿Acaso hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para mejorar nuestra calidad de vida, la de nuestra familia, la de nuestra comunidad? ¿Hemos hecho lo suficiente para apoyar y demostrar nuestra unidad de destino con nuestros hermanos en Medinat Israel? 

Nos preguntamos para generar cambios internos y en los espacios que habitamos. Nos preguntamos, en este comienzo de año, día en que recordamos la Creación del Adam,  para renacer como  mejores hombres y mujeres. Nos preguntamos para transformar y transformarnos.  

Que en este año que comienza podamos encontrar en lo más íntimo de nuestro ser la fuerza y la inspiración necesarias para preguntarnos con honestidad, para  respondernos con sinceridad y poder entonces expresar en acciones el  renacimiento de nuestro corazón.

Tisha B’Av – Del dolor y el luto al ejercicio de una memoria creativa

Leslie Naveh

"A Place I Call Home" Autora: Leslie Naveh

 Tisha B’Av, marca el final de un período de tres semanas del luto durante las cuales los judíos recordamos una  serie de acontecimientos que  condujeron a la conquista de Jerusalem, por parte el Imperio Babilónico  y a la destrucción del primer templo (586 A.E.C.). 

En una llamativa  coincidencia el 9 de Av,   unos seiscientos años más tarde (70 E.C) los romanos irrumpieron a través de las debilitadas defensas de la ciudad de Jerusalem, profanaron el Bet Hamikdash, lo destruyeron y comenzó el largo período del exilio de nuestro pueblo, fuera de las fronteras de Israel.

Tisha B’Av  constituyó desde entonces,  en el calendario hebreo y para cada judío conciente de su pertenencia a una nación “desterrada”  el día de luto nacional mas profundo y desgarrante. El día en el que año tras año volvíamos a vivir  el sino trágico del desarraigo y el exilio.

Hoy,  2594 años después de la destrucción del primer templo y 1938 años después de la destrucción del segundo templo, no somos más exilados, porque nuestro pueblo, nuestra gente, nuestras familias, han retornado a la tierra de Israel y allí han construido y se  han reconstruido.

Nuestro mundo ha cambiado,  nuestras necesidades han cambiado y quienes vivimos fuera de Israel lo hacemos por propia elección.

Este año celebramos el 60º Aniversario de la Declaración de la Independencia de Medinat Israel. En esta circunstancia, y en vísperas de este Tisha B’Av, con humildad pero con convicción,  quiero plantear que nuestro enfoque de cómo abordar el 9 de Av para la transmisión a las jóvenes generaciones, debería cambiar.

Deberíamos poder transformar el “largo día en el que recordamos todos los males que le han sucedido al pueblo”  en un día en el que  podamos reflexionar acerca de lo mucho que implica que a pesar de todos los reveses,  las luchas, las pérdidas y profundos sufrimientos,  hemos superado como “colectivo” – los judíos que vivimos en la diáspora y quienes lo hacen en Israel-  gran parte de los  obstáculos que tuvimos ante nosotros.

Nuestra existencia  como Pueblo está ligada obviamente al espíritu de nuestra gente. Cualquier conmemoración de Tisha B’Av que no reconozca esta realidad es inadecuada.

Nuestros jóvenes no serán más judíos porque les mostremos permanentemente un judaísmo que se nutre de duelos, de prohibiciones y se rasga las vestiduras.

Necesitamos descubrir nuevas maneras de transmitir no sólo los reales motivos de luto, sino el optimismo que motorizó en cada época la búsqueda de nuevas respuestas o nuevos horizontes. Necesitamos descubrir la trayectoria a través de la cual podamos ayudar y ayudarnos a apreciar todo lo que como Pueblo hemos logrado.

Una conmemoración renovada y auténtica de  Tisha B’Av  puede ayudarnos en esta tarea.

Una conmemoración en la que cada generación inscripta en la historia de nuestro Pueblo, tenga un lugar en la memoria.

Una conmemoración en la que renovemos nuestro compromiso con el legado de nuestros antepasados.

Una conmemoración en la que podamos resignificar el dolor y el luto y transformarlos en memoria, memoria que motoriza un hacer comprometido con nuestra gente y nuestra tierra.

 

 

 

 

 

 

Matot -una porción de la torá que nos habla de nosotros mismos

 

El relato acerca de las tribus de Reuben y  Gad , que solicitan permanecer en la margen oriental del río Jordán, fundamentalmente orientados por sus propios intereses económicos , es uno de los temas centrales que aparecen en esta Porción del Libro de Bemidbar.

 

La tierra que ha batido Adonai ante la congregación de Israel, tierra para ganado es, y tus servidores tienen ganado.

Y dijeron ellos: si hemos hallado gracia ante tus ojos, sea dada esta comarca a tus servidores como posesión, no nos hagas pasar el Iarden.

 

Moshe teme  que tras la intención de asentarse en tierras fértiles se oculte el hecho de no participar en la reconquista de la tierra de Canaan junto a todos los hijos de Israel.

 

Dijo Moshe a los hijos de Gad y a los hijos de Reuben:

 Acaso vuestros hermanos habrán de ir a la guerra y vosotros os asentareis aquí?

 

Pero ellos se comprometen, aparentemente,  a colaborar y participar activamente en la lucha por la recuperación del territorio común.

 

Se acercaron a el y dijeron: Rediles de ovejas construiremos para nuestro  ganado aquí y ciudades para nuestros hijos, empero nosotros nos armaremos, prestos, delante de los hijos de Israel, hasta que los hayamos traído a su lugar… 

 

El Midrash  no se refiere a los miembros de estas dos tribus positivamente.

Según Bemidbar Raba ellos representan a los individuos que enriquecen y por causa de su riqueza se transforman en  seres vacuos, carentes de bases espirituales,  que ya han renunciado a la búsqueda de sentido.

 

 Para  satisfacer el  deseo desmedido de ampliar su base económica, ubicando   en campos fértiles a su ganado,  abandonan la prioridad del  desafío que el Pueblo todo se había planteado: el retorno a la tierra de Israel.

 

Estas tribus  se comportaron de acuerdo a la lógica del mercado utilitaria  y consumista,  sin ser concientes tal vez, que de esta manera  renunciaban a valores centrales y fundamentales.

 

El Midrash no es indulgente con este grupo, y señala a continuación que a través de su discurso , podemos ver como transforman lo importante en banal y lo banal en importante:

 

Bemidbar 32:15

Rediles de ovejas construiremos para nuestro ganado aquí y ciudades para nuestros hijos.

 

Moshe les contesta: Construiros ciudades para vuestros infantes y rediles para vuestras ovejas, y lo que sale de vuestra boca habéis de hacer.

 

Ellos dicen : rediles y ciudades.

 

Ellos anteponen el ganado a los niños.

 

 Moshe les devuelve:

Ciudades y rediles.

Hagan primero aquello que es importante … ocúpense de los niños.

 

Las palabras que se pronuncian son las mismas, y sin embargo la forma en la que son enunciadas les otorga un peso conceptual, completamente distinto.

 

En matemática, el orden de los factores no altera el producto. Pero cuando hablamos…

Aquello que expresamos en primer lugar, es lo que da cuenta de nuestras reales prioridades.

 

Reuben  y Gad, colocan prioritariamente, en su discurso, su preocupación por la preservación de sus bienes materiales, el ganado.

 

Moshe no duda en contestar de forma tal que queda clara su concepción de aquello que es ikar (fundamental)  y aquello que es tafel  (suplementario).  

 

Seguramente algunos coincidiremos con la postura de las tribus, y otros con la postura de Moshe.

 

Por lo tanto bien vale la pena extender hacia nuestros días y a nuestra realidad este debate.

 

Acaso nos estamos ocupando realmente de lo importante.

 

Ocuparnos de los niños es sin lugar a dudas, ocuparnos de su bienestar.

Ocuparnos de nuestros niños es de alguna manera ocuparnos también de nosotros mismos.

Ocuparnos de los niños es ocuparnos de nuestro Pueblo y de su continuidad. 

 

Y la única y la mejor manera que yo conozco, a través de la cual una Comunidad puede ocuparse de sus niños, es ocuparse seriamente de su educación.

 

Y cuando hablamos de educación no hablamos de una pavada, no hablamos solo de la realidad de esta u otra escuela.

Cuando hablamos de educación hablamos del destino de personas concretas, del destino de sujetos reales, y hablamos además del futuro de las sociedades.

 

Y cuando hablamos del futuro, en las comunidades judías de la diáspora, e incluimos en nuestra discurso  los conceptos de continuidad, pertenencia e identificación, tenemos que comprender que toda decisión que tomemos hoy , vinculada con la educación judía afectará el futuro de las familias y de los niños.

 

Dice Maturana: ¿Para qué educar? y contesta: Para recuperar esa armonía fundamental que no se destruye, que no explota…

Para aprender a mirar y escuchar sin miedo, a dejar de ser al dejar ser a otro en armonía, sin sometimiento.

 

Al ocuparnos seriamente de educar  a nuestros niños, de crear espacios para todas y cada una de las familias que integran la Comunidad y que se definen como judías,  estamos construyendo la posibilidad de la convivencia, la posibilidad de la paz, del respeto, y recreando conceptos que aparecen en nuestras fuentes. 

 

Heshel ha escrito: La educación no es solo una tarea para profesionales, es la vocación de todos los hombres para todas las épocas.

 

Vuelvo a tomar este pensamiento de Heschel, porque  tenemos que entender es responsabilidad del conjunto de las  Comunidades Judías,  ocuparse seriamente de la educación, para que en cada espacio educativo, orientado por sus propios lineamientos ideológicos, se puede abordar la herencia judía de forma tal cada uno , en su singularidad aprecie su valor.

  

En masejet B’rajot leemos, ein haolam kaiam, ela mipnei helem tinokot shel beit raaban.

 

El mundo solo existe por el aliento de los niños en las casas de estudio.

 

Las comunidades judías en la diáspora y en Israel, deben comprometerse proponiendo proyectos educativos eficaces y eficientes, que no sean monolíticos, porque nuestros destinatarios, por suerte, reflejan una pluralidad y una diversidad que lejos de separar nos enriquecen como Comunidad.

 

En la diversidad y en la pluralidad, conservando la unidad como Pueblo  todos acordaremos que los peligros que se ciernen sobre la continuidad de la herencia judía, no están desconectados de la realidad del mundo en el que nos toca y nos tocará vivir, un mundo en el cual la palabra mercado, cliente usuario y servicio, forma parte de nuestro discurso cotidiano;  un mundo en el que los rediles para el ganado de  Reuben y Gad tienen prioridad por sobre la “construcción de las casas para los niños”.

 

Y en esta tarea a todos nos cabe una responsabilidad real, porque cada uno de nosotros deberá ser custodio de que las ideas y compromisos  sean enunciados, de forma tal que no haya confusiones.

 

Cada uno de nosotros tendrá que velar por lo importante.

Tendrá que velar por mantener viva la capacidad de asombro, de cada niño judío en las casas de estudio.   

Transmisión del Judaísmo- ¿una tarea posible?

En el momento en el que Moshé subió al cielo para recibir los mandamientos encontró a Dios sentado dibujando coronas sobre las letras. Le preguntó:Hay varios mensajes en esta hermosa Agadá.

 “Señor del universo ¿quién seguirá Tus principios? “Hay un hombre que aparecerá después de varias generaciones cuyo nombre será Akiva Ben Iosef, él interpretará hasta las más pequeñas minucias de la ley judía”. contestó Dios.

 Moshé pidió: “Muéstramelo”.

Entonces Dios lo sentó en la octava fila de la escuela de Rabí Akiva, junto a los alumnos con menor experiencia.

 Moshé no comprendía la temática acerca de la cual se conversaba y se sintió muy abatido.

 En cierto momento de la clase, preguntaron los alumnos: “Rabí, de dónde aprendemos esto?

Rabí Akiva respondió: “Esta es la ley que Moshé recibió en el Sinaí”.

Moshé sintió vergüenza. Regresó junto a Dios, y le dijo:

Teniendo semejante hombre, Tú pones la Torá en mis manos?”.

 

 Uno de ellos, es que Moshé, quien nos dio la Torá en el Monte Sinaí, ya no entendió el debate que en torno al texto bíblico se desarrollaba en el Beit Hamidrash de Rabí Akiva.

 El tiempo hizo lo suyo. Como todas las cosas orgánicas y vivientes, la interpretación de la Torá había cambiado tanto a través de las generaciones que Moshé mismo ya no la entendía.

 Sin lugar a dudas, Moshé Rabeinu no podría resolver los problemas de nuestros días y Rabí Akiva no podría contestar nuestras preguntas, porque nuestros problemas no son sus problemas.

 Por eso leemos en el Talmud:

Cada generación tiene sus intérpretes, cada generación tiene sus sabios, cada generación tiene sus dirigentes.

 Cada época tiene y ha tenido sus desafíos, pero el mayor desafío en cualquier período de cambio es poder asimilar el cambio sin perder el propio lugar.

 A través de nuestra historia, y aún frente a situaciones de altísimo riesgo hemos logrado enfrentar con creatividad, valentía y sabiduría los peligros que se cernían sobre la continuidad del judaísmo de la mano de maestros, líderes e interpretes que dieron respuesta a las necesidades del momento.

 Los desafíos que se nos plantean, para la transmisión de la herencia judía, no están desconectados de la realidad del mundo en el que nos toca y nos tocará vivir.

 A diferencia de otros momentos, no hay hoy un enemigo externo que conspire contra la continuidad o que desee demolernos.

 El principal reto para la continuidad esta representado por la globalización y por el hecho de que una gran parte de los judíos viven en sociedades multiculturales, que atraen y no rechazan, situación que en la mayoría de los casos atenta contra la preservación de la singularidad.

 Si concebimos a la educación como el proceso todo por medio del cual una cultura se transmite y se recrea a si misma a través de las generaciones, cualquier análisis referido al tema de la transmisión judía debe centrarse en la educación en el sentido mas amplio que el termino tiene.

 Deberíamos considerar a la educación judía como un viaje fantástico en el tiempo y en el espacio, ya que debe ser el vehículo de la memoria, de la tradición, del espíritu de nuestros antepasados, debe posibilitar una apertura espiritual al tiempo que debe ponernos en contacto con los distintos espacios en los que se ha desarrollado, y se desarrolla la judeidad.

 Aún en tiempos de individualismo, de ruptura de mitos y de satisfacción inmediata, como los que nos tocan transitar, debemos transmitir la herencia judía de forma tal que el hombre aprecie su valor, y encuentre en su mensaje un contacto profundo y significativo con la esencia ética de la humanidad.

Debemos ofrecerle la posibilidad de encontrar en la tradición de Israel la inspiración para rebelarse y no conformarse con la realidad, porque eso es precisamente ser judío: ser habitante de un mundo que todavía no se creó.

 ¿A quien transmitir el mensaje milenario y renovado?A todo aquel que ante la pregunta acerca de su identidad puede contestar: Ivri Anoji, soy judío, aún cuando no se identifique con una corriente determinada dentro del Pueblo.

 

Ivri Anoji, implica la autoconcepción, la autoidentificación como parte del pueblo judío dondequiera esté e indica sin lugar a dudas una asociación positiva con el destino de Israel. Un solo pueblo – Un mismo destino.

 La identidad es una búsqueda permanente que procura integrar el pasado y el presente constituyendo una base sólida de continuidad y proyección al futuro.

 La identidad y la pertenencia que llevan hacia el deseo de continuidad, no son pasibles de ser enseñadas. Son las experiencias y aprendizajes de un individuo, en las distintas etapas de su desarrollo, las que lo ayudan a elaborar su identidad, a cimentarla, a enriquecer el sentido de pertenencia y en consecuencia el deseo de continuidad.

 Dado que el judaísmo, no es solo un conglomerado de datos concretos sino una decisión valorativa, y que la Tradición del Pueblo de Israel ubica en un lugar central la educación como proceso continuo, las comunidades judías organizadas deben tomar la educación de todos sus integrantes como su máxima prioridad, implementando equivalentes adecuados a la poderosa influencia que la familia judía tenia en la sociedad tradicional, para así poder presentarle a las nuevas generaciones, un modelo de vida judía en la cual la familia y cada uno de sus integrantes se pueda mirar y reconocer.

La transmisión del judaísmo, Jinuj, debería constituir un acto de reinauguración y renacimiento permanente.

 Considerando las condiciones que nos plantea el milenio no cabe duda alguna que la educación judía debe incluir las condiciones necesarias para la creación de los nuevos escenarios que garanticen la continuidad.

 El desafío es transmitir “judaísmo” asumiendo que la educación judía es una disciplina que cuenta un cuento que incluye mitos y leyendas que configuran la memoria colectiva de un pueblo, y al mismo tiempo preguntarnos permanentemente: ¿cómo se construye la memoria colectiva en un mundo individualista, de ruptura de mitos y de satisfacción inmediata?

 

Este es el interrogante que deberíamos tener presente a la hora de proyectar y diseñar estrategias adecuadas para que la herencia judía sea un bien apreciado por todos los integrantes de las Comunidades judías en el mundo.

Los aspectos a tener en cuenta para poder empezar a balbucear alguna respuesta son tan variados como diversos son los espacios en los que transcurre la transmisión.

 ¿Cómo educamos en una sociedad que atrae y no rechaza?

¿Cómo educamos para la integración sin generar asimilación?

¿Cómo manejamos la transmisión de conocimientos y valores en los espacios que nos da la Comunidad?

¿Qué lugar debe tener la educación formal?

¿Cuál debe ser el de la educación no formal?

Los diferentes espacios comunitarios: ¿se diferencian, se complementan, como, cuándo?

¿Desde que lugar se incluye a Israel en los espacios comunitarios de la diáspora y a la diáspora en el espacio israelí?

¿Cómo se hace para importar el tiempo de un espacio a otro que funciona con diferente calendario? ¿Esto puede producir ruptura de identidad?

¿Cómo hacemos para compaginar un proyecto totalizador? ¿Es el “maestro” ejemplo de vida?

A un proyecto educativo religioso ¿no se le presentan dilemas?

A un proyecto laico ¿qué dilemas se le presentan?

 En el mundo globalizado, de ruptura de mitos y de satisfacción inmediata corremos el riesgo de ir rodando, casi sin darnos cuenta hacia un “agujero negro”, si al proyectar no nos detenemos a preguntar, a cuestionarnos.

La historia, y la experiencia de generaciones, nos muestra que en muchas ocasiones el contacto con un mundo y un estilo ajeno y distante a la esencia del judaísmo puede ser un motivador importante, que en un marco adecuado logra desarrollar aún mas la cultura y la creación judía.

 El mayor desafío para la transmisión del judaísmo está dado por la búsqueda de la significatividad, para que sus creencias, ideas y valores sean motivo de orgullosa y positiva pertenencia para los propios judíos, de modo tal que no deban salir a abrevar de otras fuentes.

 En el momento histórico cultural podemos encontrar la inspiración necesaria

La globalización impulsa, reactivamente, a la búsqueda de lo particular y lo singular y nos ofrece una oportunidad inigualable de redescubrir la fuente de espiritualidad del judaísmo.

 Es en función de este redescubrimiento que deberíamos enfocar la transmisión del judaísmo no sólo para la “pertenencia tribal” sino hacia el universalismo judío, asumiendo que:

El conocimiento de los textos y de la historia merecen una interpretación de lo que significan hoy estos textos, reforzando desde su mensaje la relación del hombre con el hombre, aún mas que la del hombre con Dios. La reinterpretación forma parte del judaísmo: Moshé ya no comprendió a Rabi Akiva, sin embargo el texto dice: Ze halaja leMoshé misinai. El desafío mas grande e importante que se nos plantea es el de reintepretar el judaísmo, para que sus valores y principios sean significativos para los propios judíos,. sin perder el “motivo”. Las costumbres y tradiciones constituyen un constituyen un tema central, en el marco de la transmisión judía. Si no logramos “conservar” y “recrear” el “motivo”, no nos quedará del judaísmo nada más que una estructura abstracta, y de la tradición un decorado.

Es indispensable la incorporación y la confrontación con la ciencia, desde una perspectiva de la ética del judaísmo.

En la búsqueda de lo particular y lo singular habrá que reafirmar el lugar de la lengua hebrea como lengua franca del pueblo judío, proponiendo la jerarquización del Ivrit, idioma en el que se expresan los contenidos esenciales del judaísmo, al mismo tiempo que nos liga con la lengua que habla el Pueblo de Israel en la Tierra de Israel.

Sería importante considerar tanto a Israel como a las diásporas como espacios de la judeidad y fortalecer la solidaridad con todo el pueblo judío y especialmente con el Estado de Israel, al que indudablemente está ligado el futuro de nuestro pueblo.

  En Jerusalem, entre los alumnos de las academias rabínicas circula esta historia:

 En cierta oportunidad un rabino, famoso por la profundidad de sus mensajes, se hallaba predicando en una ciudad, y entre el público que lo escuchaba había unos cuantos maskilim, miembros del movimiento iluminista.Como surge de la parábola del herrero y el zonzo, debemos iniciar el proceso en nosotros mismos.

Al terminar su predica, uno de ellos totalmente indiferente al cálido e inspirador mensaje que acababa de escuchar, se acercó al Rebe.

 Nuestras fuentes …comenzó el escéptico, dicen que las palabras que salen del corazón penetran en el corazón….

Rabí, siguió con una despreciable sonrisa, yo asumo que usted habló desde el corazón.

Sin embargó sus palabras no han llegado al mío, es más no han hecho en mi mella, ni me han impactado de manera alguna.

¿Cómo es posible?

¿Porqué sus palabras no han penetrado en mi corazón?

 El rabino sonrío, y como era habitual en él comenzó con una parábola que dice así”:

 Cierta vez, un zonzo, entró al lugar en el que estaba trabajando un herrero, que sostenía un largo fuelle.

Después de unas cuantas compresiones en el fuelle, las llamas del fuego de la herrería comenzaron a danzar con ardor.

 El hombre, que encontraba siempre muy dificultoso encender fuego en su propio lugar, se mostró maravillado ante la eficiencia del aparato.

Inmediatamente compró este asombroso invento.

Entró a su casa y presuntuosamente anunció:

-Acabo de descubrir cómo hacer un fuego fantástico sólo con la compresión de una palanca.

Ubicó unos cuantos leños sobre el frío hogar y comenzó a mover ambos brazos del fuelle al mismo tiempo.

Nada sucedió.

Volvió a probar. Nada cambió. Los leños yacían fríos y sin vida.

 Desconcertado y enojado el hombre regresó al lugar en el que estaba el herrero y le explicó su dificultad.

“Quiero el reembolso de mi dinero”, vociferó, este fuelle no funciona”

 Ah, tontuelo, rió el experimentado herrero

“Estabas aventando sobre leños fríos. Debes comenzar vos mismo un pequeño fuego. Si no comienzas con una pequeña chispa el fuego no crecerá”

 Finalizada la parábola el Rabino se volvió hacia el maskil y sacudiendo tristemente la cabeza le dijo:

“Si no hay una chispa, el fuelle mas largo no podrá avivar el fuego”

 

 Si esperamos que alguien lo haga por nosotros sólo estaremos haciendo mucha fuerza con el fuelle sobre leños fríos.

Prof. Batia D. de Nemirovsky

Febrero 2000

 

 

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